A veces, cuando veo atrás, se me hace difícil pensar que tantas cosas se han vivido, tantos momentos se han compartido y tanto nos ha cambiado la vida. Enfrentar un futuro más incierto que nunca, hace que la mente me traiga recuerdos y que cada cosa que vivo sea aún más intensa. Como siempre, la incertidumbre trae consigo un poco de miedo, pero también ese nervio en buen plan: La expectativa. No hay miedo paralizante. Esta vez no. La vida ha ido abriendo y cerrando puertas, el aprendizaje ha sido grande y las satisfacciones incontables. Un vacío en el estómago me recuerda que éste camino sinuoso es el que elegí y que habrá que recorrerlo de la mejor manera. Tener en mente dónde se estuvo y a dónde se quiere llegar tiene que ser la motivación. No es vivir de recordar, sino que sirva de puente.

Y que nadie ya te cuente
cómo se debe seguir,
porque se debe elegir
un camino solamente..
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